No podríamos iniciar nuestra andadura cultural de mejor forma que celebrando la concesión de un premio literario a Pedro Pons, uno de nuestros vecinos.
El premio ha sido otorgado por la Consellería de Cultura a través de la Biblioteca Pública de Can Salas que desde hace catorce años organiza y gestiona el evento.
De todo ello vamos a hablar en la entrevista que hemos llevado a cabo con el protagonista de la noticia, entrevista que acompañamos con la transcripción de la obra premiada y la reproducción de un artículo aparecido en la prensa sobre el tema.
Vamos con la entrevista:
P- ¿Quién es Pedro Pons y que relación le une a Costa d,en Blanes?
R- Pedro Pons es un jubilado feliz que después de muchos años de duro trabajo, ha dejado atrás la tensión y el estrés a los que, como la mayoría de mortales, ya se había acostumbrado, para dedicarse a disfrutar de sus aficiones y de la vida en general.
Y la relación que me une a Costa d,en Blanes es la misma que la de muchos vecinos de la zona, después de formar una familia y vivir unos años en Palma, decidimos buscar un entorno más relajado y agradable para desarrollar nuestro proyecto de futuro y rastreando posibilidades en distintos puntos de los alrededores de la ciudad, al final nos hicimos construir una casa en la urbanización. Y aquí seguimos después de treinta y pico de años en los que, además de evolucionar en todos los aspectos, he tenido la ocasión de colaborar en diversos momentos y diversas competencias como integrante de la Junta Directiva de esta Comunidad de Propietarios.
P- Nos hablaba de dedicarse a sus aficiones y hoy es noticia porque ha recibido un premio literario, por cierto, enhorabuena. Parece lógico pensar que ambas cosas están relacionadas, ¿es así?
R- En efecto, y gracias ante todo, una de mis aficiones, entre otras, es la literatura, tanto en el papel de emisor como en el de receptor, me gusta leer y escribir, lo llevo haciendo desde que tengo uso de razón y ahora que dispongo de tiempo para hacerlo, como ya he dicho antes, me puedo dedicar a desarrollar más y mejor esta y otras aficiones.
P- Háblenos del premio, ¿en que consiste?, ¿cómo decide presentarse? ¿porqué?
R- Bien, el certamen lo convoca cada año la biblioteca pública Can Salas, dependiente de la Consellería de Cultura y entre sus bases se especifica que las obras deben tener el formato de carta y que la temática debe girar en torno al amor. Se trata de un certamen ya consolidado, esta ha sido su decimocuarta edición, y cada año va creciendo tanto en número de participantes como en nivel de calidad de las obras presentadas.
Yo reconozco que decidí presentarme debido a la “presión” recibida desde algunas personas de mi entorno que en algún momento han sido “víctimas” de mis aficiones epistolares y que, a nivel de usuarias tienen relación con la biblioteca. Ha sido una especie de reto, un poco aquello de: mira, la biblio convoca este certamen, venga, va, preséntate, a que no te atreves. Y sí, a pesar de que la temática no es la que más se adapta a mi estilo habitual, escribí una carta de amor, tal y como era preceptivo para participar, aunque debo advertir que lo hice prescindiendo de edulcorantes, suspiros y paisajes idílicos, como podrá comprobar quien decida leerla.
Y con esta carta me presenté y el jurado decidió que era merecedora del primer premio.

La verdad es que me ha encantado recibirlo por la seriedad de la institución, por la calidad de las obras presentadas, de las cuales se leyeron las premiadas, por la atmósfera que se respiraba y porque siempre es bonito participar en iniciativas que fomentan la escritura, la lectura y la cultura en general.
P- Pues enhorabuena una vez más por el premio y nuestros mejores deseos para que pueda seguir disfrutando de sus aficiones y compartirlas. Nuestras puertas estarán abiertas para ello cuando lo desee.
R- Muchas gracias por la enhorabuena, por tan magníficos deseos y mis felicitaciones por crear esta plataforma y ponerla al servicio de la cultura.
P- Sigue la carta ganadora, para los que quieran disfrutarla.
Carta ganadora
” Ya ves, aquí estoy, papel sobre la mesa y boli en mano, como cuando te escribía casi a diario. Supongo que te sorprenderá que vuelva a hacerlo ahora, que compartimos tiempo y espacio; pero, como tú bien dices, a veces hago cosas raras y mira, hoy es un día de estos. Reconozco que con ayuda de la nostalgia, hoy he decidido escribirte esta carta para ventilar algunas dudas sin que tengas que mantenerme la mirada y antes de que se me enquisten en el alma, o donde sea que se enquistan las dudas que nadie se encarga de despejar.
Tú ya estás durmiendo arriba y yo me he quedado leyendo, como cada noche, hasta que cierro el libro y me abandono a mis pensamientos. Ni el suave crepitar de las llamas en la chimenea, ni el calor que llega en apacible marea, ni la medida penumbra, ni la lluvia que está cayendo, me dicen nada que yo no sepa. Pero hacen brotar corrientes que transportan los recuerdos, los sentimientos, aquellos abrazos, tan largos y a pecho descubierto; las heridas que tanto dolieron, sí, estas cicatrices; los errores cometidos, esos grandes maestros; las dudas que vencimos, tan intensas que daban miedo;… todos llegan para formar parte de esta nostalgia que siento, porque en ellos late la verdad de cuanto fuimos. Y quizás de cuanto somos y seremos.
Recuerdo claramente aquellos tiempos cuando lo único que nos separaba era el espacio entre dos puntos sobre un mapa y que lo salvábamos con puentes de papel y tinta para alimentar el calor de cada uno de nuestros encuentros.
Y recuerdo cuando decidimos reinventar el mundo, compartir un sueño, proyectar el futuro y abrir nuevos caminos, despreciando los desiertos.
Sabíamos crear oasis uniendo nuestros sueños.
Pero ha pasado el tiempo y está claro que las cosas han cambiado.
Hoy siento que entre tú y yo se ha instalado una distancia que no se puede marcar ni medir en ningún mapa y que me llena de desconcierto, por eso intento medirla en grises, en vacíos, en sombras, en fríos,… y el resultado me aterra, porque tiende, cada vez más, al infinito.
Hoy nuestros gestos dibujan laberintos entre muros de granito y llenamos los momentos con frases protocolarias: “¿cómo estás.., que tal en la oficina?…..” y otras cortesías por el estilo. Y cuando, entre frase y frase, levanto la vista desde mi lado de la mesa, a veces me cruzo con tu mirada, durante un instante fugaz, tan fugaz como inmensos son los silencios que compartimos, tan vacío como hueras son las palabras que arrastramos sobre el mantel, tan hiriente como las que callamos para no hacernos daño.
Ahora que conjugamos en pasado lo vivido, en presente los vacíos y en futuro los abismos, siento que abrir los ojos ante la densa oscuridad de tu ausencia es un esfuerzo vano y me pregunto adonde te has ido y cuándo y porqué. Y cada duda va desgarrando la herida un poco más, los días son ya eternos antes de que amanezca y las noches se llenan de recuerdos.
¿Lo dimos todo por hecho cuando nos unimos? ¿Se han derruido, por abandono, los puentes que tendimos? ¿Dónde están los oasis que creamos?
Observo constantemente tus torpes intentos, ¡son tan obvios!, por aparentar que no sientes, o que no te afecta, este vacío. No te empeñes, no te esfuerces, no consigues nada, sé que también te duele. Y eso me desconcierta más todavía.
No quiero pensar que lo estemos aceptando, impotentes, como un efecto inevitable del paso del tiempo; no, entre nosotros no; ni quiero creer que simulamos ignorarlo por cobardía, ¿nos da miedo descubrir sus raíces?
Sea como sea, pienso que deberíamos mirarnos cara a cara, rompernos por dentro y recomponer juntos lo que quede de nosotros, o por lo menos intentarlo, como en otros tiempos hemos hecho.
Como ya te he dicho, estoy escribiendo desde el desconcierto, sin pensar demasiado, las palabras tienen prisa por vivir y se abren paso entre los sentimientos y las dudas. Yo les dejo que lo hagan y doy por asumido el caos, no intentaré ordenarlo, pero si al leer esto te surge alguna duda, en ningún caso pienses que pretendo culparte de nada, ni siquiera quiero juzgarte.
Aunque te confieso que no puedo evitar sentir que, sin ser verdugos, los dos somos cómplices de haber dejado morir un sueño.
Creo que mi silencio ha sido el aliado perfecto de tu ausencia para incubar este inmenso vacío en el que se pierde hasta el eco de los sentimientos.
Quizás he dejado pasar demasiado tiempo desde que empecé a echarte de menos.
Por eso acudo a aquel momento y decido escribirte de nuevo ¿pueden unas palabras y algo de papel romper el silencio?, ¿pueden disipar la niebla que confunde nuestro espacio y nuestro tiempo?
Lo cierto es que no sé si tiene algún sentido hacer lo que estoy haciendo. Es posible que esta carta no sea más que un pueril, patético, anacrónico e inútil intento por recuperar algo que quizás ya haya muerto.
En cualquier caso, si has leído hasta aquí, ya sabes lo que siento. Si ahora decides mantenerte lejos, no lo dudes, simplemente hazlo, yo no te preguntaré nada, ni intentaré aprender a odiarte, no conseguiría hacerlo. Prefiero alimentar dudas, respetar silencios, cobijarme en recuerdos, aceptar distancias y echarte de menos desde mi lado de la mesa.
Desde el otro lado del desierto.
Quizás algún día vuelvas.
Y hablemos. “

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